Momentos Menta: El incidente de la gamba

Hoy me perdonareis, pero este artículo no tiene intención didáctica o concienciadora. Por esta vez, quisiera salirme de las publicaciones didácticas de siempre y compartir con vosotros un “momento menta”, es decir un momento personal de la familia Menta. Concretamente, os quiero hablar de una experiencia que vivimos hace unos pocos días: el incidente de la gamba. 

Momentos Menta: El incidente de la gamba

Os pongo en contexto: mi hija A. tiene apenas 5 años, pero es una niña muy madura, y extremadamente sensible y empática. Esa sensibilidad y empatía también las siente por los animales: desde siempre ha sido de forma natural lo que podríamos clasificar como animalista. Por poneros un ejemplo, se pone triste con el cuento de los tres cerditos, porque “el pobre lobo no tiene la culpa por estar muerto de hambre” (palabras suyas). O cuando en una película de dibujos los protagonistas humanos se enfrentan a una bestia salvaje, ella se enfada y se pone de parte de la bestia. De hecho, en un artículo que publiqué hace poco sobre nuestro cambio de dieta ya hablé sobre que de por sí A. no es muy fan de la carne, porque siente pena por los cerdos, las vacas y demás. No siempre se da cuenta que toda la carne en todas sus variantes son animales, pero cuando lo tiene en mente, se niega en redondo a comer.

Hace unos días fuimos a comprar A. y yo a un hipermercado que no es nuestro habitual, que tiene muchos productos ecológicos y de kilómetro cero. Este hipermercado en particular tiene una sección de pescadería muy grande, con un tanque de agua con centollos y bogavantes vivos listos para vender.

Momentos Menta: El incidente de la gamba

Al verlo, me pareció interesante aprovechar la ocasión para mostrar a A. estos animales vivos. Nos acercamos, para que pudiera observar de cerca las patitas, las antenas, la coraza, los colores… Todo muy didáctico, hasta que me preguntó: “¿Qué hacen estos animales aquí? ¿En el súper también venden mascotas?”. Ai. Ella, con sus ojos café mirándome fijamente, esperaba una respuesta. Y aunque una mentira piadosa nos hubiera ahorrado un mal rato a ambas, opté por la verdad.

“No, cariño. Esto es una pescadería, estos animales se compran para comer”. Su cara cambió de repente. Empezó a llorar, frente a la pecera, mirando esas pobres bestias. Un bogavante temblaba, y eso la conmovió todavía más, ya que ella lo interpretó como que el animal sentía miedo, por lo que su desconsuelo aumentó.

Momentos Menta: El incidente de la gamba

La dejé llorar y desahogarse, mientras la abrazaba y le acariciaba el pelo. Tardó cerca de 15 minutos en calmarse. Le dije que estaba bien sentir pena, y que no podíamos hacer nada por esos bichos en concreto, pero que podíamos buscar qué podíamos hacer para evitar que esto suceda a más bichos. Todavía con la cara llena de lágrimas, me dijo que podíamos comprar las gambas, refiriéndose a los bogavantes, para liberarlos en el mar. Y por supuesto no comer “gambas” nunca más.

El orgullo que sentí por ella en ese momento no tiene nombre. Lo de liberar a los animales no se me habría ocurrido, y de hecho estuve pensando si sería viable o no, si tendrían oportunidad de sobrevivir. Esa forma de pensar, esas convicciones que no sé de dónde ha sacado, ese amor que ella siente de forma innata por todos los seres vivos. Esas son las cosas que me motivan en mi día a día para seguir siendo cada vez más ecologista. Estoy convencida que a medida que crecerá se convertirá en una activista decidida, una ecologista de pies a cabeza, y eso me hace morir de amor y continuar con este proyecto con todavía más ganas. 

Si hay que sacar una conclusión de esta historia, aunque no es la intención del post, estaréis de acuerdo conmigo que es que los adultos tenemos que aprender de esta sensibilidad y este amor que demuestran lxs niñxs por la naturaleza, fomentarlo y aplicarlo a nuestro día a día de todas las formas posibles.

Comentarios

  1. Respuestas
    1. No es por amor de madre, pero de verdad que es una dulzura de niña. ¿Se nota que se me cae la baba con ella? ;)

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  2. Q maravilla... Yo estoy muy concienciada con este tema tb, siempre se loe explico a mi hija . Jamás han ido ni irán a ningún zoo. Hay cosas q sí podemos hacer!!!

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    1. ¡Claro que sí! Esas pequeñas cosas les ayuda a crecer con determinados valores, a tener criterio propio y por supuesto a fomentar su educación ambiental.

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  3. Me quedo con la reflexión final porque tienes toda la razón, muchas veces tendríamos que aprender a dejarnos guiar por los niños y su pureza. Me ha encantado toda la historia aunque tu peque pasase un mal rato. Iba a decir que va a ser una persona admirable, pero creo que ya lo es. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, de verdad. Es una niña maravillosa, dulce como nadie. Esa forma de ser la lleva a vivir las cosas tristes con mucha intensidad, pero la parte buena es que también vive la alegría, el amor y la felicidad con una intensidad increíble. Me tiene loca de amor, ¿se nota? :P

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  4. Aixxx, muero de amor con la historia. Tu hija tiene una sensibilidad innata que ya le gustaría a muchos y es que los adultos parece que la perdemos con los años.

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    1. Es verdad, parece que a medida que crecemos nos vamos haciendo más "duros", más insensibles, y es una lástima...

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  5. Qué sensibilidad... ya podríamos los adultos tenerla igual que los pequeños. El mundo sería mucho mejor

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  6. Tu hija tiene una sensibilidad increíble, que bonito ejemplo te da. bueno, nos da a todos!

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  7. Es para comérsela a besos!!! Pobre!! Cuánto que aprender de los más pequeños...
    Soy fan de tu hija desde ya!!

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    1. Me tiene loca de amor, es una dulzura... Aunque se lo pasa mal con estas cosas, la pobre :( ¡Gracias por tu comentario!

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  8. Que bonita tu historia. Tu niña es un encanto y tiene un dulzura encantadora

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    1. Tiene el corazón robado a todos, es un amor <3 ¡Gracias por comentar!

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